Como superar tus miedos de forma nómada: el espíritu viajero

jose espiritu viajero

Una de las apuestas mas arriesgadas en la vida es salir de nuestra zona de confort. Es dejar aquello que conocemos al dedillo. Lo que hacemos cada día y aventurarnos a vivir fuera de ese espacio que nos aporta la seguridad de lo conocido. Porque en general lo que nos mueve es el miedo, el desconcierto y la incertidumbre por aquello desconocido. Y la razón es la falta de confianza en nuestro auténtico potencial como seres humanos. Por eso hoy, lector de Plantarte.net, te quiero hablar del espíritu viajero. Una referencia a esas personas que arriesgan todo, y mochila en mano, deciden aventurarse en terrenos insospechados a conocer nuevas culturas y, lo más difícil, dejar atrás todo lo que conocían.

Y te cuento esto porque yo lo he hecho. He dejado mi cómoda vida en Valencia, con un trabajo estable para embarcarme en la aventura de viajar a otros rincones del planeta, a conocer nuevos mundos y a experimentar mi capacidad de adaptación y superación. Y no me arrepiento. Si acaso, echo en falta no haber iniciado antes estas experiencias vitales. Porque ojo, no son vacaciones. Son pruebas de crecimiento personal. Son curas de humildad. Y son aperturas mentales acerca del mundo en que vivimos. Y toda su complejidad y riqueza (más espiritual que material).

¿Por qué dejarlo todo y volar? El espíritu del viajero

Llega un momento en nuestras vidas que nos sentimos hastiados. Puede ser por tu trabajo, por la gente que te rodea o por la sociedad de mierda en la que te ha tocado vivir.

espiritu viajeroHay mil factores. Pero todos se reduce a uno: TU. Si, tu. Tu eres tu mejor aliado y tu peor enemigo. Y cuando sientas que todo se desmorona y que nada tiene sentido es cuando todo cobra sentido y empiezas a sentir que tu vida no puede reducirse a tu barrio, a tu ciudad, a tu rutina o a tu trabajo. “El mundo es muy grande y la vida muy corta, dice mi compañera de vida”. Y tiene toda la razón.

Hay por ahí quien habla del gen del viajero, el gen DRD4-7R, que según dicen algunos estudios, que también lo llaman gen Wanderlust, sólo lo posee un 20% de la población mundial. Esas personas que tienen el espíritu viajero. Y no se refiere a esa gente que le gusta viajar cuando se va de vacaciones. Se refiere a esas personas que tienen el pasaporte a mano y, en cuanto ahorran algo de dinero, lo invierten todo en coger un vuelo. Y cuanto más recóndito sea el destino, mejor.

La rutina sedentaria frente al espíritu viajero.

Pues yo no se si tengo este gen o no. Me da igual. Lo que se es que los mejores momentos de esta vida los he pasado lejos de Valencia, de España e, incluso de Europa. Asia y América (del Norte) han sido algunos de mis destinos. Y lo que me queda. Pero también es verdad que estos viajes han almacenado algunos de los momentos más duros, complicados y agotadores de mi vida.

Pero también agota, cansa y asfixia la rutina, ¿no? Hacer cada día lo mismo durante el resto de tu vida. Respeto dónde cada uno encuentre la felicidad. Aunque también afirmo, sin reparo, que existe una felicidad más allá de la que nos han vendido en la escuela, en los medios y la sociedad. Hay algo más allá de hipotecarse, tener una amplia y bonita familia con un mono volumen, un piso y una casa en el campo. Y salir de tu rutina solo 30 días cada 365. Para mi, eso es rutina, asqueo y desperdiciar tu vida. Pero allá cada uno con cómo quiere aprovechar su vida.

¿Qué beneficios tiene viajar?

No es viajar por viajar. Da igual ir a Cuenca que a Bali. Viajar es simplemente el medio. En tu casa, en tu barrio vas a conocer siempre lo mismo. Viajar a Londres te va a aportar lo mismo: monumentos, prisas, comida basura, consumismo, ropa, moda, tecnología, más prisas, contaminación, competencia y museos. Lo mismo que Roma, París o Bruselas.

Porque no es el sitio, es la gente y su sociedad. Es una forma distinta de entender el mundo. Y tu, amigo mio, vives en occidente. Y aquí está todo el pescado vendido. Y es muy bonito, si. Pero es más de lo mismo.

Sin embargo, quien viaja a lugares exóticos, diferentes, donde el consumo es menor porque no puede ser el mismo. Donde ir con zapatillas de running o senderismo es raro, muy raro, porque todo el mundo va en sandalias o descalzo. O donde comer en la calle, por menos de lo que aquí vale un café, es cultura y una experiencia picante, pero cultura, al fin y al cabo. Donde los monos campan por los semáforos si es que los hay porque el tráfico se rige por el caos aparente, pero donde hay menos accidentes que en España.

espiritu viajeroViajar es también volver al pasado. Aquel donde los niños no andaban enfrascados en móviles ni en video juegos, sino en canicas, peonzas y extraños juegos de madera que jamás llegué a comprender. Pero donde esos niños lloran menos. Donde no se enrabietan caprichosamente y sonríen mucho más. Porque no puedes desear lo que no conoces. Viajar es recorrer cientos de kilómetros en auto-stop con gente con la que no te entiendes con palabras, pero si con gestos y sonrisas. Es ducharte usando todo e cuarto de baño y sentir que es mucho más cómodo. Cómo también lo son esas mangueritas de agua a presión junto a los retretes.

Y viajar es comprender que el nivel de confort de una habitación humilde, destartalada y sucia es directamente proporcional a tu índice de cansancio o a la amabilidad con la que te recibe el casero. Y no hay más.

Porqué te recomiendo viajar… El espíritu viajero

Todo eso y mucho más es lo que vi, viví, sentí, disfruté y sufrí en países lejanos como Laos, Camboya, Malasia, Nepal, Tailandia o India. Pero lo mejor no es lo que se movía a mi alrededor en estos exóticos lugares. Lo más enriquecedor es lo que se movía dentro de mi.

Básicamente tienes una sensación de que todo lo que me habían contado del mundo es una gran mentira. Una falacia. Ni todos los musulmanes son radicales, ni todas las mujeres indias son sumisas, ni la mejor cocina es la mediterránea. Ni los países en vías de desarrollo son tal porque el desarrollo no es lo que nos han vendido. Básicamente para unas élites podridas, el desarrollo es consumismo.

espiritu viajeroPero sobre todo, que hay una forma más sostenible de vivir, más respetuosa con el medioambiente, más respetuosa con las personas y más consciente con lo que realmente somos y suponemos para este planeta. Son valores de otras culturas, donde la ambición y corrupción humana no ha llegado (¿aún?). Ojo, en muchos de estos países hay cosas muy feas, no defenderé ciertas miserias políticas y sociales de estos gobiernos y sociedades. Pero, a diferencia de acá, percibo una bondad social generalizada, frente a nuestra indiferencia colectiva.

Viajar es añorar lo que dejaste atrás. Tu casa, tu ducha, tu familia, tu trabajo y tus amigos. Tu rutina. Pero comprender que eso ya lo tienes, o lo tuviste. Y que tu evolucionas y quieres saber más de este mundo en el que te ha tocado nacer. Es la curiosidad la que mato al gato, pero dío alas al ser humano.

Mis siete mejores experiencias viajeras.

1. La gastronomía está en mi top tres: la comida india y la tailandesa especialmente. Reconozco que el picante me hace sentir vivo. Es como una ostia al paladar que aviva todos tus sentidos, más allá del gusto. Y fuera de tonterías. En aquellos países, los ingredientes picantes, especias en especial son altamente saludables y depurativos.

espiritu viajero2. Conocer la inocencia real de los más pequeños. Las miradas de curiosidad y las sonrisas son lo más alejado de la maldad humana que conocí. Cada vez percibo mayores tonterías y caprichos en los niños que me rodean. Culpa de nuestra sociedad y de los padres. No digo que en aquellos lugares no pasa. Pero de momento sus juegos, sus rutinas y sus sonrisas me parecen más de niños que las que suelo ver por aquí.

3. La libertad del día a día. En nuestra experiencias viajeras no hay lunes ni martes ni jueves ni domingo. Cada día empieza con un amanecer y acaba con un anochecer. Y es lo único en lo que se asemejan. Cada día es una nueva aventura, un nuevo lugar, nuevas personas, nuevos retos y nuevos sabores. Un nuevo catre, un nuevo hostal y un atardecer diferente. Eso debe oxigenar el cerebro. Y el alma.

Y tampoco existen las horas. Viajar sin rumbo por este tipo de destinos te desarraiga de horarios e imposiciones sociales. Comes cuando tienes hambre. Paras cuando estás cansado. Duermes tanto como necesites. Y así, con todas las cosas cotidianas. No hay corsés ni ataduras. ¡Libertad máxima!

4. La distancia te ubica en tu lugar en el mundo. Te hace humilde. Te permite entender que los documentales están muy bien pero que nada es cómo aparece en televisión. Ni en el congreso de España ni en Vietnam. Que no hay ciudadanos de países ricos ni pobres, ni países más o menos desarrollados. En el mundo hay buena y mala gente. Así de simple. Y siento decirlo, pero me he dado cuenta que cuanto menos tienes más compartes. Que cuanto menos deseas más ayuda brindas y que nuestra sociedad va camino de la destrucción.

Y que espero que los lugares más recónditos y rurales que visite nunca pierdan esa esencia. Porque son sus habitantes los que aún mantienen cierto grado de humanidad. O al menos de lo que yo considero que debiese ser la humanidad. Llamame idealista.

5. La vida colectiva callejera. Los artistas, cocineros, los fruteros e incluso los picaros conforman una fauna (con todo el respeto) variopinta y divertida. Es como un gran escenario cuyo telón se abre cada día para representarnos la capacidad comerciante de los pueblos que solo esperan comer y tener techo. No hay maldad, solo supervivencia. Y si entras en ese juego, con la mente abierta, cada día es un nuevo desafío a los sentidos.

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6. Las experiencias que en destinos cultural y socialmente distintos puedes vivir. Desde pasar unos días conviviendo con monjes budistas, con sus horarios, costumbres, meditaciones y demás, hasta conocer gente autóctona que te invita a su casa y te permite conocer su realidad desde dentro. Salir de las rutas turísticas de agencias y demás que te muestran la capa más superficial de estas culturas te permite una mayor integración y comprensión de la vida real de la gente.

 

7. Como dije antes, la cura de humildad que supone… Conocer lugares, sociedades y personas donde no presumen de comodidades tal como las entendemos nosotros te permite desarraigarte. Debemos pensar que cuando viajas improvisando por lugares como los descritos, tienes que hacerlo con lo justo. Una mochila a la espalda y no mas de siete kilos son tus únicas pertenencias. Es entonces cuando te das cuenta de lo poco necesario para vivir. Es entonces cuando recuerdas toda la ropa que dejaste en tu armario y piensas… ¿para qué? Y te sientes humilde e insignificante y comprendes que tenemos demasiado apego a lo material y poca comprensión real de lo que realmente necesitas como ser humano.

Las excusas del no espíritu viajero…

Si quieres no salir de tu espacio de confort puedes engañarte de mil manera… Aquí algunas de las más escuchadas por mis orejas… Al final, en todas ellas, lo que subyace es el miedo, la incertidumbre y la comodidad… Pero no sabes lo que te pierdes, hasta que no lo pruebas…

No tengo dinero. De esta aún quiera que te va porque yo también me la he puesto. Pero hemos conocido un montón de gente que viaja sobre la marcha. Ayuda en hostales, albergues y restaurantes a cambio de alojamiento y comida, viaja en auto-stop o se las ingenia para pintar, tocar música en la calle. Tienes que pensar que en muchos lugares del mundo el dinero no lo es todo y no existe tanto interés y si más ánimo colaborativo.

No puedo dejar mi trabajo. Si adoras tu trabajo, enhorabuena. Eres un privilegiado. Pero si eres de esa gente que se auto engaña y detesta su trabajo, pero tiene miedo a perderlo, eres tan tonto como el que tiene una astilla en su zapato que le pincha y no se la quita por no molestarse. Hazte un favor, deja de estar esclavizado. Y gasta tus ahorros en viajar. A tu vuelta ya se verá. Pero con lo que vas a aprender vas a entender otros valores que nunca permitirán que pases hambre.

Con familia y niños es imposible. Jaja. Otra excusa barata. Hemos conocido familias jóvenes, y no tanto, con niños pequeños, muy pequeños viajando y permitiendo que el gen viajero cale en esas criaturas. Y eso es lo mejor que un padre o una madre puede hacer por sus hijos. Que conozcan la diversidad del mundo, el mestizaje y la diversidad de su planeta es la experiencia más enriquecedora que jamás tendrán. Y sembrarán en ellos unos valores que ninguna escuela o universidad podrán, jamás, aportarles.

Yo, con mi edad. Tranquilo, te entiendo. Esta sociedad de mierda e hipócrita hace que infravaloremos a la gente que se hace mayor. Sin embargo, en muchos países, culturas y tradiciones, la gente mayor es la más venerada y admirada. Hemos conocido algunas personas de más de sesenta y setenta años viajando. Y solos. Y sus ojos resplandecían como los de niño con un juguete nuevo. No dejes que la edad que pone en tu DNI te condicione. Siente y escucha a tu corazón y no a lo que diga un papel o una sociedad estúpida.

Ahora que te has quedado sin excusas… ¿qué piensas hacer?

Este artículo está dedicado a la persona, que aunque solo sea una, se anime a iniciar esta aventura de viajar y ampliar su mente con la grandeza de nuestro mundo. A ti, lector va dedicado. A la vuelta nos cuentas. O puedes hacerlo mientras tanto. Ahora hay wifi hasta el el rincón más escondido de este inmenso mundo. ¿A qué esperas?




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