Consigue gratis una práctica guía para alcanzar hábitos saludables

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Todos tenemos algo que no nos gusta de nosotros mismos. Puede ser nuestra alimentación, algo que mejorar en nuestra salud o algún hábito que frena nuestro avance. Cada día repetimos patrones sin analizar si quiera si estos son beneficiosos para nosotros mismos o están tan arraigados en nuestras costumbres que los repetimos sin darnos cuenta. Pero adoptar hábitos saludables es posible.

Reorienta tu vida

Pueden estar relacionados con nuestra rutina, con nuestro uso del tiempo, con algunas relaciones o en cómo nos relacionamos nosotras y nosotros mismos con el mundo. En este caso, te invitamos a suscribirte a nuestra comunidad de PLANTARTE  y obtener gratis una sencilla y práctica guía, “Re orienta tu vida“, con una serie de reflexiones sobre la importancia de mantener un equilibrio y descubrir tus limitaciones para, así, poder dirigir tu vida hacia donde siempre has querido… cambiar aquellas rutinas, pautas y hábitos que no te dejan avanzar hacia la plenitud y el potencial que, en el fondo, sabes que tienes…

Lo que sucede es que nuestra salud y nuestro tiempo forman un binomio vital para que seamos felices. Hay personas que no son capaces de gestionar su tiempo de la forma que más les gustaría, pero repiten patrones de conducta, simplemente porque es lo que saben hacer desde que tienen uso de razón… repetimos de forma inconsciente pautas de comportamiento. Por ejemplo, cada mañana nos levantamos y nuestras primeras acciones son las mismas. No reparamos en que las hacemos… las reproducimos sin más: vamos al baño (algo fisiológico y natural), nos lavamos la cara (también lógico) y nos preparamos el mismo desayuno de siempre… Pero en este caso, ni tan siquiera nos planteamos si ese primer bocado de la mañana es el que más nos apetece… simplemente es lo que hacemos cada día.

A continuación vamos al trabajo y escuchamos la misma emisora, vamos por la misma ruta… y así, con un sinfín de cosas que nos suceden cada día. Según Joe Dispenza, autor del libro “Deja de ser tu“, el 80% de las cosas que hacemos cada día no tienen una reflexión previa. Las hacemos porque son para lo que estamos programados. Mejor dicho, para lo que está programado nuestro cerebro. Actuamos como robots. Pero, ¿tu no eres un robot, no? Tienes capacidad de modificar tus rutinas…

¿Porque repetimos patrones de comportamiento?

Básicamente, cuando un “programa” se instala en nuestro subconsciente, este nos da unas pautas de actuación sobre las cuales sabemos que todo es predecible. Es decir, si desde nuestra experiencia previa, estas pautas no nos ocasiona dolor, temor o nada que nos afecte negativamente, estaremos seguros y nos sentimos en nuestro espacio de confort, tan útil para nuestra “supervivencia”.

Reproducimos patrones de conducta porque nos garantizan una previsión de lo que sucederá y esto nos da ciertas garantías de éxito en nuestros quehaceres. Nos acomodamos a esa rutina en pos de una garantía y de un confort.

Al mismo tiempo, reproducimos patrones porque no hacerlo, es decir, realizar cosas distintas o cambiar de hábitos nos produce miedo a lo desconocido. Llevamos implícitos en los genes la supervivencia y aventurarnos en algo desconocido puede desembocar en situaciones imprevistas que puede que no sean de nuestro agrado. Entonces, ¿por que cambiar?

¿Por que es bueno cambiar hábitos o probar nuevas rutinas?

Nuestro cerebro es sumamente flexible y adaptable, como diría Eduard Punset. Nuestra capacidad para desarrollar nuevas conexiones neuronales en virtud de nuestra capacidad cerebral es prácticamente infinita. Veamos un ejemplo más gráfico. Imagina un niño que cada día va a una fuente por un camino en el bosque. El camino es el que le mostraron sus padres, el cual fue el que enseñaron sus abuelos a sus padres. Se trata de un camino llano, prácticamente sin curvas, con unos pocos arboles y algunos pajarillos en las copas de estos arboles. Es un camino corto. Y es el que el niño utiliza. El mundo del niño se reduce a ese camino y a sus vivencias en casa.

Sin embargo, un día el niño descubre que, en un claro entre los arboles, desembocan tres caminos más. Aburrido de hacer siempre el mismo camino, el niño decide aventurarse por el camino de la izquierda pues sigue un pequeño riachuelo y el niño está convencido que también le llevará hasta la fuente. Decide arriesgarse pero sino lo ve claro retrocederá sus pasos y tomará el camino habitual. El niño avanza y de repente escucha un ruido sobre un árbol. Sorprendido ve como dos ardillas recorren las ramas de los árboles y luego bajan al suelo y empiezan a correr cerca de él. La primera reacción del niño es asustarse, pero luego se da cuenta que son animales amistosos y nada peligrosos.

El niño sigue el camino. La vegetación va cambiando, el color verde de las copas de los árboles y de las plantas y flores adquieren tonos más rojizos, incluso violetas. Al niño le resulta fascinante. Escucha desconocidos cantos de pájaros y a lo lejos ve un conjunto de montañas que jamás había visto. Es un horizonte distinto al que conocía…

Pero ese camino no lleva a la fuente. Tiene que retroceder sus pasos y tomar el camino habitual para recoger el agua.

Introducir hábitos saludables es Reorientar tu Vida

Al volver a casa sus padres le preguntan por la tardanza y el niño miente: les dice que en la fuente había solo un hilo de agua y tardo más en llenar las tinajas. Teme que sus padres se enfadan si les cuenta la verdad. Pero al día siguiente el niño decide escoger otro nuevo camino. Y de nuevo descubre un sinfín de cosas nuevas: tiene que cruzar un puente, bajar una ladera, esquivar enjambres de abejas mientras descubre como polinizan unas preciosas flores que jamás había visto. Pero tampoco llega a la fuente y retrocede al camino habitual, como el día anterior.

Al tercer día el niño vuelve a aventurarse por el tercer y último nuevo camino. Vuelve a descubrir un montón de nuevos estímulos, colores, sonidos, olores que jamás conoció. Y en esta ocasión, el niño si llega a la fuente.

Finalmente el niño crece y decide no seguir la tradición de sus padres y marchar a conocer otros lugares del mundo, nuevas culturas, nuevos aromas, nuevas comidas, nuevos libros, nuevas personas. Y de esta manera el niño acaba teniendo una vida muy diversa y satisfactoria. Aprende varios idiomas e incluso acaba siendo profesor de escuela en un lejano país. Se siente feliz.

La importancia de abrir nuevos hábitos saludables y pautas de comportamiento

Cuando el niño conocía un solo camino, sus conexiones neuronales solo estaban preparadas para enfrentarse a situaciones cotidianas que ya conocía y esto le reportaba tranquilidad y seguridad. Pero en cuanto el niño empezó a conocer nuevos caminos, comenzó a descubrir nuevos estímulos y situaciones, lo que permitió que en su cerebro se activasen nuevas conexiones neuronales o “programas” para enfrentarse a nuevas circunstancias. Eso curtió al niño, le hizo ser una persona más curiosa, más audaz y más inteligente. Su cerebro era capaz de reconocer diversos y diferentes contextos y adaptarse a ellos. Y eso le proporcionó una mayor perspectiva global y satisfacción personal en una vida que estaba destinada a un solo camino.

Lo mismo sucede con nuestro cerebro y con nuestra vida cuando decidimos arriesgar, cambiar de rumbo y conocer otras alternativas. Salir de la rutina y cambiar de hábitos (especialmente cuando algo nos dice que no nos benefician) es evolucionar y caminar hacia una versión más plena de lo que podemos llegar a ser si nos quedamos estancados.



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Comments

  1. Me parece increíble haber encontrado tus artículos en este momento de mi vida tan duro para mí. Voy a seguir tus consejos y encontrar la connotación positiva de lo que me está ocurriendo. Para poder avanzar y dejar mis miedos a un lado.

    Gracias por tus palabras y por compartir tus conocimientos y experiencias. No sabes cuánto bien hacen a los demás.

    Espero poder desaprender mis malos hábitos para aprender a ser más feliz a partir de ahora.

    Un abrazo enorme de esos que llegan al alma.

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