Ni ayer ni mañana. Ni antes ni después. Tu solo existes “ahora”… ¿Por que?

Vivir el momento presente

Vivir en el presente o vivir aquí y ahora es cada vez más difícil en los tiempos que corren. Nuestros ritmos de vida acelerados nos desconectan de lo que realmente somos. O lo que realmente fuimos. Niños y niñas con capacidad de asombro por encima de todas las cosas. Lo importante es vivir el presente: el aquí y ahora.

De pequeñitos el afán competitivo casi no existe, y el que hay nos lo fomenta la escuela. Una escuela basada en un sistema educativo tendente a fabricar ciudadanas y ciudadanos cuales robots en un sistema de producción competitivo, un engranaje diabólico. Pero puede que todo esto ya lo sepas aunque a mí me sirve de punto de partida para otra reflexión.

aqui y ahoraLa violencia subyacente en nuestra sociedad es palpable en la cotidianidad de cada día.

Por motivos laborales ando mucho por la calle… en los dos últimos días laborales he visto ya dos disputas, una que casi llega a las manos y otra que ha llegado.

La hostilidad es un afloramiento de nuestras auténticas miserias, de una infelicidad palpable en nuestros rostros y nuestras expresiones.

No, no quisiera conformarme con que todo el mundo tiene un mal día. Porque un mal día lo tiene cualquiera, pero no es ese el quid de la cuestión. El quid es que, en la mayor parte de las personas (y hablo de cualquier país de nuestro contexto occidental) alguien por ahí arriba trató, y logró crearnos un montón de necesidades más allá de las básicas.

Y cuando estas no se cumplen llega la insatisfacción, la frustración y la rabia. Y el estrés y los enfados. Estamos poco conectados con el aquí y el ahora.

Solo existe aquí y ahora

En una ocasión andaba con mi pareja en un taxi. El taxista, de origen venezolano, y nosotros andábamos enfrascados en una charla de tema político y social. En un momento dado le reflexione que el tráfico rodado es el reflejo de una sociedad: egoísta y despiadada. Y aquel taxista se giró para darme, efusivamente, la mano pues él compartía, punto por punto, aquella afirmación.

Que la gente conduce como vive es una muestra de nuestro comportamiento cotidiano. Para con nosotros y con los demás. En Valencia, como en Madrid, Barcelona, Roma, París o San Francisco la gente no pone el intermitente. No señaliza aquella maniobra que incumbe a otras personas, no solo a nosotros.

Nos desarraigamos de la idea de colectividad y tendemos a la más sucia y furtiva de las individualidades, para “olvidar” señalar con una lucecita nuestra intención de cambiar de carril. Es solo un síntoma, pero es muy sintomático. Yo primero, y luego los demás.

No es que defienda la idea de que los demás primero y luego yo. Es un equilibrio, una armonía. Debiera ser una reflexión tal que “Yo no puedo estar bien si los demás no lo están”. Pero no lo es. Y esta reconfortante conversación con el taxista me alentó a pensar que todas y todos tenemos mucho sobre lo que reflexionar en nuestros comportamientos cotidianos.

Estar o “ser” aquí y ahora…

Quizá el “error” de nuestra sociedad actual sea que estamos “sin estar”. Cada día, por mi trabajo, estoy viendo gente pasar por la calle. Pero solo pasa su cuerpo, cual zombi sin expresión, o en todo caso con expresiones inexpresivas. Sus rostros reflejan que están en otra parte. O lo que es lo mismo, no están ni aquí ni ahora.

Puede que te preguntes ¿si los ves ahí, cómo es que no están? Pues porque su cabeza, su conciencia anda proyectándose constantemente hacia el futuro y, al mismo tiempo, anclada en el pasado.

aqui y ahoraUn buen amigo (cuyo blog te recomiendo encarecidamente) me habló una vez que, en un retiro espiritual, una de sus labores diarias para aquella comunidad era pasar el corta césped. Y que durante tan “tediosa” faena andaba enfrascado en mil pensamientos respecto a cosas que ya le habían pasado o cosas que debía hacer en un futuro próximo.

Pongamos que, obnubilado por esos pensamientos, mi amigo tardaba dos horas en finalizar todo el jardín.

Pues bien, unas semanas después, tras varias y variadas reflexiones acerca de como funciona nuestra mente, este mismo amigo puso toda su atención en el momento presente.

En cada uno de los detalles y todos y cada uno de sus pensamientos se centraron en aquel preciso momento, en lo que estaba haciendo justo en aquel segundo, en aquel lugar. Y la tarea se prolongo por poco más de una hora sobre la misma superficie que, semanas antes, requirió de dos horas.

Respira el momento

Quiero decir con esto que las personas tenemos mil estímulos, ya sean sensoriales (vista, oído, olfato,…) que nos distraen del aquí y el ahora. También tenemos una cantidad ingente de pensamientos, unos 70.000 diarios según los neurólogos. Pero que pocas veces nos centramos en este preciso momento que es el único que existe. Y eso nos desconecta de nuestra auténtica esencia.

aqui y ahoraQuizá un solo segundo sea demasiado austero para la pregunta que, a continuación, te hago. Pongamos entonces un minuto.

Si supieses que en un minuto tu existencia en este planeta finaliza ¿te gustaría pasar ese ultimo minuto discutiendo con tu pareja o incluso con un desconocido? ¿O preferirías contemplar el cielo o mirar la maravilla geométrica que supone una flor? O es más ¿No preferirías abrazar a tu pareja en lugar de discutir? O rizando el rizo ¿abrazar a ese desconocido pues al fin y al cabo todos arrastramos nuestras miserias?

Todo cambia cuando entiendes que solo existe aquí y ahora

No se que habrás respondido a cada una de estas preguntas. Pero si tengo claras mis respuestas. Si supiese que me quedan sesenta segundos de existencia trataría que en ese instante predominase el afecto, el amor, o el cariño. O la fascinación ante lo que es la vida, pues se estaría acabando y no quisiera terminarla malhumorado…

Lo que sucede es que sabemos que después de este minuto viene otro. Y después de hoy mañana. Y es por eso que postergamos nuestras buenas intenciones a mañana, sin ser conscientes que mañana no existe y que como dice el escritor y profesor de espiritualidad, Emilio Carrillo, el tiempo no existe.

Es una invención humana. Yo me permito añadir, que el tiempo es la peor de las lacras de nuestra sociedad, incluso peor que el dinero.

El tiempo nos esclaviza (de hecho el dinero es una forma de pago por el tiempo que empleamos), y la concepción que de él tenemos, nos aleja del momento presente que, en realidad, es lo único que tenemos.

Como dice Carrillo en la magnífica publicación Kundalini (nº3) “El tiempo es una convención inventada por el ser humano. La prueba irrefutable de ello es que ninguna persona siente el tiempo: todos necesitamos algo externo a nosotros que nos hable del tiempo, necesitamos un reloj o un calendario (…)”.

Los niños son más conscientes del aquí y ahora

Cuando superamos esas concepción de dispersión y somos capaces de centrarnos en el momento presente, lo que muchas veces se denomina como “el aquí y ahora”, empezamos a ser conscientes de todo nuestro potencial como seres humanos y a apreciar muchas cosas que desde hace ya demasiado dejaron de sorprendernos.

Por eso, al inicio de este texto hacíamos mención a nuestra etapa como niños. Seguramente muchas y muchos de nosotros la recordemos como una etapa de felicidad. Descubrir el mundo, sin prejuicios y desde la inocencia nos permite estar más conectados con nuestra auténtica esencia.

Pero conforme pasan los años y vamos etiquetando todo lo que conocemos, todo lo que nos rodea pasa a ser, simplemente, esa etiqueta por encima de lo que realmente es, de ese elemento o fenómeno en todas sus vertientes.

Si vemos el arco iris en un día lluvioso, vemos el arco iris y lo identificamos con una etiqueta “es aquel fenómeno meteorológico que sucede por el contraste de la lluvia (o humedad) en contraste con la luz solar.

Pero no reparamos en la belleza de lo que supone, realmente, un arco iris… o lo que nos evoca. Nos ha dejado de sorprender porque lo damos por hecho.

Lo que quiero manifestar es que hemos perdido la capacidad de impresionarnos y eso es, lamentablemente, algo que nos desconecta de nuestra verdadera esencia y capacidad de disfrute como seres humanos.

aqui y ahoraLas prisas, la competitividad, el afán por el dinero y los bienes materiales, el exceso de estímulos sensoriales en los medios de comunicación, la publicidad, las nuevas tecnologías y las redes sociales.

Todo ello, nos hace más mirar hacia fuera que hacia dentro. Más hacia lo artificial que hacia lo natural. Y es cuando aparecen las frustraciones, los miedos, los apegos.

Porque nos hemos desnaturalizado y algo, en lo más profundo de nuestro interior, nos dice que nos es para todo esto para lo que hemos venido a este mundo. Es decir, nos encontramos desubicados y aparece lo peor de nosotros mismo.

Conectar con el momento presente: apreciar la belleza del aquí y ahora

La buena noticia es que podemos conectarnos. Que esa esencia jamás la perdemos. Que podemos ser más conscientes y las herramientas están dentro de nosotros, porque nada ni nadie nos las puede quitar.

Lo que sucede es que, para ello, tenemos que despojarnos de un montón de mierdas que llevamos adheridas casi desde que nacemos. Son como post-its que nos han ido pegando en la espalda y en cada uno de ellos nos han escrito una cualidad, y otra, y otra más. Y la suma de todas ellas es la que nos identifica, la que nos dice a nosotros mismos como quién se nos reconoce y cómo somos.

Por ejemplo, imagina que a alguien desde pequeñito se le ha enseñado: tu eres español, católico, y de clase media. Luego, eres informático (que es lo que estudiaste o de lo que trabajas), soltero, te gusta pasear en bici, votas a este partido político y así un sinfín de características que son las que conforman tu identidad…

Repito, son ejemplo, aplíquese cada uno las suyas. Pero, ¿qué sucedería si todos esos post-its los perdieses con una ráfaga de viento y no supieses que etiquetas tenías? Podría llegar alguien, malintencionado pero de tu confianza, y decirte que tu eras todo lo contrario. Y tu podrías creerlo y entonces  serías lo opuesto a lo que ahora consideras que eres.

¿Qué sentido tienen ahora esas etiquetas?

Cómo conectar con el aquí y ahora

aqui-y-ahora3Pues bien. Para conectarnos con lo que realmente somos, con quien eres realmente, no solo puedes hacerte reflexiones como estas sino que puedes poner en práctica una serie de hábitos que te ayudarán a conectar con tu auténtica esencia.

Ello te ayudará a muchas cosas positivas: a vencer el estrés, a calmar la ansiedad, a quererte un poco más, o quererte de verdad.

Aprenderás a ser más consciente, a discutir menos y escuchar más. A que te levantes más motivada o motivado, a que tengas más energía, más sueños y menos miedos. A hacer desaparecer la frustración, la rabia o la envidia, y otras cosas que redundarán en una vida más feliz. ¿Te parece buen plan?

Consejos para entender el aquí y ahora

  1. Para empezar recomendamos meditar. No hay nada que te centre tanto en el momento presente como meditar. Dejar correr los pensamientos, acallar las prisas y los miedos y conectar con tu auténtica esencia. Y te garantizamos que la tienes. Para saber más sobre qué es y cómo meditar pincha aquí.
  2. Pon limites al uso de la tecnología. Apaga la tele, desconecta el móvil y dedícate tiempo a ti. Porque la tecnología y las redes sociales ¿son tiempo para ti o para los demás? ¿Has probado a estar dos días sin móvil o sin internet? Atrévete a hacerlo y luego coméntanos aquí los resultados.
  3. Se creativo. Desarrollar una actividad creativa o artística es casi como meditar. Nos conecta con nosotros mismos porque nos hace ser conscientes del aquí y ahora. Ya sea tejer, pintar, tocar la guitarra, requieren atención plena y además nos deferencia del resto de criaturas como seres creadores, lo que nos conecta con nuestra auténtica capacidad creadora.
  4. Conecta con la naturaleza. Venimos de ella y en ella nos encontramos, lejos de ruido, tráfico, prisas y contaminación. En la naturaleza es más fácil reconectar con nuestra verdadera esencia. Seguro que tras unos días en la montaña tus ánimos nadan más apaciguados. Y que pereza volver a la ciudad, ¿no?
  5. No resistencia ni frustración. A veces andamos demasiado enfrascados en oponernos a cosas que inevitablemente pasan o han de pasar. Eso genera una distorsión mental nada saludable. Hay cosas que pasan porque tienen que pasar y, es mejor tratar de sacar un aprendizaje de las mismas. Aprender a aceptar no es ser una persona resignada, es aprender a acercarse a un estado de felicidad permanente ¿Escuchaste alguna vez aquello de que no hay mal que por bien no venga?
  6. Hablamos mucho y escuchamos poco. E incluso cuando escuchamos no escuchamos para comprender sino para responder. Se aprende más escuchando que hablando. Escucha a los demás, escucha el sonido que te rodea y escúchate a ti mismo por dentro.
  7. En relación al anterior punto y también, en consonancia con la meditación y la naturaleza, deberíamos buscar más el silencio. Y apreciarlo. El silencio es inspirador y así como cerramos los ojos para meditar o sentir algo con mayor cadencia, el silencio es inspirador y un camino fundamental para encontrar la quietud y la paz con uno mismo y con la felicidad que anhelas y que no llegara jamás en un entorno ruidoso. Y los ruidos no solo literales. Sino los que todos nos montamos en nuestra cabeza.

Cuando alguien escribe algo como lo que acabas de leer, lo que subyace es un afán de ayuda. Este texto pretende ser, quizá, na cuerda a la que agarrarse, un cabo que falta hacia tu bienestar, o como diría Emilio Carrillo, hacia el “bienser”.

No hay nada que me diese más satisfacción, sin ser nadie más que alguien anónimo en tu vida, que el primero de los actos que hicieses en tu vida fuese tratar de interiorizar algunas de estas palabras o poner en práctica alguno de los siete consejos o hábitos para conectar con el aquí y el ahora. Desde la humildad, porque a mi también me queda un largo camino. Pero será un viaje más agradable cuantas más personas lo recorramos juntos.




Autor de Plantarte- Periodista y coach en habilidades comunicativas. Formación en Psicología de la Comunicación y PNL. La comunicación define quien eres y lo que puedes lograr.

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