Beneficios del ajo: usa la cabeza…

Beneficios del ajo: usa la cabeza...

De los beneficios del ajo no se habla desde hace poco. Originario de Asia, concretamente del antiguo Turquestan,  se extendió por China, India y posteriormente Europa. Los antiguos egipcios ya lo usaban hace más de 3.000 años.

Uno de sus primeras aplicaciones terapéuticas era la de revigorizante, lo que vendría a ser el Red Bull de aquella época. Las alas les hubiesen venido muy bien para levantar aquellas imperiales pirámides. En cualquier caso, la Bilblia, el Talmud e incluso un papiro egipcio ya lo mencionaban.

Posteriormente un tal Hipócrates (460-370 a. C.) dijo aquello de que tu alimentación sea tu medicina” o “ que tu medicina sea tu alimento”, que viene a ser lo mismo. Y uno de sus productos estrella, el que no faltaba nunca en su cesta de la compra era el ajo.

Hipocrates lo empleó y lo defendió como útil con propiedades tan dispares como que Es bueno para incrementar el flujo de la orina. Se recomienda cuando se ha bebido demasiado o cuando se está borracho. El ajo hervido o asado es diurético y relaja el estómago y el sabio añadió si hay tos y se reconocen los signos de supuración, el enfermo, en su cena, antes de acostarse, debe comer ajo crudo en gran cantidad y debe beber un vino puro y noble. Para la inflamación del recto se usa un emplasto de ajo cocinado en vino tinto mezclado con agua”.

ajo2

Los beneficios del ajo a lo largo de la historia

El ajo ha sido venerado históricamente. Desde Mahoma, que lo alababa para las picaduras hasta su empleo con fines antibióticos durante las dos guerras mundiales, pasando por su empleo durante el imperio griego para con sus atletas olímpicos o su empleo por parte de la nobleza y clero contra las pestes que asolaron Europa durante la Edad Media. Y aunque ha pasado mucho tiempo lo que no ha cambiado es su origen ni su utilización.

Su nombre científico es Allium Sativum y proviene de una de las familias de la cebolla, la familia Alliaceae. Del ajo se emplea todo menos sus raíces y lo más conocido es su bulbo, conformado por los dientes, separados entre sin por esas final laminas o piel, Otra parte menos conocida en uso culinario es el tallo cuyas propiedades nutritivas lo hacen también muy interesante.

Como toda planta medicinal uno de sus principios activos es el que le otorga ese don tan alabado al ajo. Se trata de la alicína, básicamente un glucósido azufrado. Más que el “glucosido” nos sonará lo de azufrado y empezaremos a entender el porque de su peculiar y embriagador olor (lo de embriagador no es ironía). Pues la alicína, al machacar o masticar el ajo entra en reacción con otra enzima presente en el ajo: la alinasa.

Y de esa combinación sale el antibiótico natural más potente que se conoce. Sus propiedades, en un veloz repaso, van desde su contribución a aumentar nuestros leucocitos y macrófagos, reducir la presión arterial, aliviar dolencias respiratorias como asma o bronquitis, promueven la eliminación de toxinas hasta mejorar la función cardíaca. Todo ello debido a sus múltiples propiedades anti bacterianas y anti víricas.

Los desconocidos beneficios del ajo

No quedan ahí sus secretos. El ajo es fuente de vitaminas A, B1, B2, B3, C, y E y su composición rica en agua, carbohidratos, fibra, potasio, proteinas, sodio, hierro, calcio y fósforo. A toda esta larga lista podemos añadir también la presencia en el ajo de la adenosina, sustancia presente también en las cebollas que regula la presión sanguínea; y el ajoeno, de gran poder anticoagulante.

Todo ello sin olvidar su origen azufrado, que le confiere el poder de gran preventivo del cáncer, entre otras cosas gracias a la acción de la alicina y la quercitina, pues ayudan a eliminar sustancias cancerígenas que se forman en el estomago o en el hígado tras la digestión. Se cree que son los componentes azufrados del ajo los que ayudan a disminuir el riesgo de aparición de células cancerosas en el sistema digestivo. Es decir, su función es preventiva, evitando que el cáncer aparezca.

Hasta el propio Pasteur investigo el ajo como potente antibiótico y anti bacteriano y con el paso de las décadas nuestro protagonista de hoy ha superado las perspectivas más optimistas. Incluso las de Victoria Beckam. El ajo es un potente enemigo de estafilococos y estreptococos y de otras bacterias como la del tifus. De hecho, se le considera un antibiótico de amplio espectro, pues no focaliza su acción sobre ningún órgano en concreto sino que su fácil absorción por todo nuestro organismo, debido a su composición hace que sus beneficios sean múltiples.

Eso si, respecto a su odiosa comparativa con los antibióticos de farmacia en lo que si se ha mostrado como el más poderoso es en su resistencia a la inmunidad que bacterias y virus crean respecto a él. Mientras que los antibióticos artificiales acaban sucumbiendo a la adaptación del virus a ellos, el ajo, después de siglos, sigue siendo su peor enemigo… sera por el olor (ahora si soy irónico).

El ajo como antivírico y antibacteriano

El ajo, pese a sus potentes propiedades contra los virus y bacterias, es totalmente respetuoso con nuestro organismo. Frente a esos antibióticos que ya no pueden hacer nada en nuestro interior frente a un virus, el ajo no solo es efectivo sino que respeta nuestra flora intestinal aniquilando las bacterias que se alojen en nuestro intestino.

Recientes investigaciones establecen que el ajo es también un efectivo anti inflamatorio y desinfectante más potente que el alcohol 90º y su administración, siempre en crudo, es aconsejable en infecciones respiratorias, desde las bucales a las pulmonares, ejerciendo inclusive como un gran expectorante. Pero también es efectivo, pese a que pueda “repetir”, para trastornos gastrointestinales como diarreas o gastroenteritis.

Otros beneficios del ajo

ajo3Beneficioso para la diabetes pues reduce el azúcar en sangre, diurético, tonificante para la piel, ayuda a reducir verrugas, acné u otros trastornos de la piel en general. Positivo también en dolencias musculares como la artritis, la artrosis o el reumatismo entre otras debido a su capacidad vigorizante.

Como no queremos que tires todo tu botiquín a la basura y cuelgues en su lugar una malla de ajos, solo vamos a hacer una mención más a sus propiedades medicinales. Se trata de sus bondades cardíacas.

El ajo reduce considerablemente los niveles de trigliceridos y colesterol malo en sangre, disminuye la presión arterial, previene la coagulación y trombos y, en definitiva, depura la sangre debido a su efecto vasodilatador. Tal como comenta el doctor Stephen Fulder en su obra “El poder curativo del ajo” (ed. Roobinbook, 2001), diversos estudios han confirmado que la ingesta de uno o dos ajos al dia reduce un 15% el colesterol malo, lo que reduce en un considerable 30% el riesgo de sufrir un infarto.

¿Y me como el ajo así? ¿Directamente?

Pues siento mucho si te da asco, no te gusta el olor o el sabor. Tampoco creo que te guste mucho tomarte una capsula de plástico con polvito dentro o un jarabe que parece meado de gremblin. Al fin y al cabo sino te ha entrado ganas de levantarte a por un ajo ya no creo que lo vayas a hacer ahora.

Pero al menos es algo natural y ese calorcito que te sube a la cara mientras te baja por la garganta es un “subidón” que otros que vienen del país de Victoria Beckam consiguen saltando desde su balcón a una piscina. Y si. Es conveniente tomarlo crudo.

Cuando lo cocinamos reducimos sus propiedades naturales en hasta un 90%. Calentarlo a más de 40º es desvirtuar un ajo. Ojo, no decimos que sea un sacrilegio cocinarlo pues sacrilegio es no disfrutar de todas sus bondades gastronómicas, especialmente en la cocina mediterranea. Pero, si hemos de elegir, tomémoslo crudo.

Puedes comerte un ajo o incluso dos al día. Sino quieres hacerlo a palo seco añádelo en ensalada o en un buen gazpacho, o en las tostadas con tomate del anterior post, restrégado en el pan.

Eso si, resulta muy útil en sus administración con fines terapéuticos tomarlo en ayunas (en serio) pues se potencian sus efectos al entrar en contacto con nuestros órganos a través del aparato digestivo. Así que ya sabes, como dice el refrán “ajo cocido, ajo perdido”. Y si te preocupa el mal aliento, tras comerlo mastica perejil o enjuagate la boca con agua y limón. Pero dale una oportunidad al ajo, …usa la cabeza.




Autor de Plantarte- Periodista y coach en habilidades comunicativas. Formación en Psicología de la Comunicación y PNL. Dime que necesitas y luego averiguamos cómo gritarlo al mundo,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡ESPERA! NO TE VAYAS...
Llevate GRATIS esta GUÍA para desarrollar tus habilidades comunicativas...

!Las claves para potenciar tu capacidad expresiva!
Un manual con reflexiones y  consejos para alcanzar tus metas

Unete a Plantarte y empieza a disfrutar esta guía hoy
SI, LA QUIERO
habilidades comunicativas