Descubre como afecta la nutrición a tu estado de ánimo

estados de animo

Psicología y nutrición

Hipócrates decía que “nuestro alimento sea nuestra medicina y nuestra medicina nuestro alimento”. Y muchos siglos después seguimos entendiendo tal afirmación. Nuestra dieta afecta directamente a nuestro estado de ánimo, pero es una relación inversa pues así como nos sentimos, nos alimentamos. La mente y las emociones juegan un papel crucial en nuestra dieta y multitud de estudios psicológicos así lo corroboran. Nuestros vaivenes emocionales son parte importante de nuestra alimentación y estados emocionales carenciales pueden alterar la nutrición personal ya sea por cuestiones físicas (casos de inseguridad y problemas de peso).

Vinculación de la psicología y la nutrición

Desde el campo de la psicología, los expertos tienen una gran responsabilidad a la hora de determinar cómo nos sentimos y cómo nos alimentamos y encauzar ambas circunstancias para establecer nuevas pautas y cambios en nuestro estilo de vida, que redunden en una salud, física y mental, plena. La planificación y la fortaleza mental resultan vitales en este sentido. Y son fundamentales para que a nutrición sea saludable.

Las alteraciones en las conductas alimenticias pueden desembocar en casos severos de trastornos alimenticios y como corregir estos trastornos en la nutrición. En este sentido, el psicólogo debe encauzar al paciente y marcar unas pautas en temas tan cotidianos como la lucha contra la obesidad, y en este sentido cobra especial relevancia los aspectos emocionales del afectado y como afronta el reto de mejorar su alimentación y paliar estos trastornos alimenticios.

Comer inconscientemente: la nutrición perdida

En la sociedad actual, llena de estímulos, los alimentos son consumidos sin valorar su beneficio y la nutrición que nos aporta. Hemos escuchado mil veces la expresión “comer con los ojos”. Y sabemos que es un error pues no nos alimentamos sino que apelamos directamente al placer de nuestro paladar. Sin ser conscientes que ese delicioso sabor no es más que el maquillaje del alimento.

 

En otras palabras… Nos alimentamos de de comidas con bajo valor en la nutrición. Pero elevados potenciadores del sabor (de origen químico) como sucede con el glutamato o las grasas trans. Y como imaginas todas ellas son perjudiciales para nuestro organismo.

Cuando entramos en esta dinámica creamos una necesidad en el cuerpo que no es plenamente alimenticia o nutricional. Sino que busca paliar una necesidad estimuladora o sensitiva. Y esto puede provocar serios problemas de salud. Cuando nos alimentamos de esta manera errónea, lo que subyace es una necesidad de placer y no de alimentación. Se establece un sistema de recompensa que activa procesos químicos en nuestro organismo tales como la dopamina. Un neurotransmisor que se segregan como estimulo de hábitos placenteros (lo mismo sucede con las drogas o el sexo).

La nutrición consciente

Sin embargo, somos conscientes que afrontar un plan dietético y mejorar la nutrición personal exigen una gran voluntad. Debemos luchar contra una serie de hábitos nocivos, falta de autoestima, estímulos que sabotean el plan inicial, etc. Pero lo más importante es estar concienciados y luchar contra nuestro estado de ánimo. Por eso, el vínculo emoción-nutrición es fundamental. Porque nuestra inestabilidad emocional nos dirige a un consumo menos sanos en el que predominan alimentos procesados y grasos, lo que acaba derivando en problemas de peso en distintos aspectos. Ello es así pues recurrimos a la alimentación como placebo para calmar nuestro estado emocional, un estado lleno de temores, inseguridades y todo ello potenciado por una de los grandes males de este siglo: el estrés.

Dime cómo te sientes y te diré que comes…

Los problemas emocionales y trastornos psicológicos como la ansiedad o depresión derivan en una alimentación pobre e insana. En mitad de una depresión, aquel que la padece suele tender a ingerir alimentos plenos en grasas o azucares. Como establece un estudio plasmado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Este estudio establece que quien sufre ansiedad o depresión tiende a aumentar su ingesta de alimentos, y no precisamente los sanos. La razón es que quien padece alguno de estos trastornos emocionales emplea el alimento para aminorar ese estado y calmar sus síntomas. Muchos de los alimentos que aparecen en la alimentación de estas personas tienen un vínculo. Casi todos ellos contienen un aminoácido conocido como triptófano, que segrega una sustancia química en el torrente de nuestro cuerpo: la serotonina, un estimulador que genera bienestar.

De hecho la ausencia de serotonina es la responsable de la aparición de estados de ánimo lánguidos, tristeza, irritabilidad, etc. Sin embargo, el triptongar palía estos efectos al ingerirse a través de estos alimentos. Digamos que son antidepresivos alimentarios. Es entonces cuando la serotonina actuá a nivel celular en nuestro organismo reportándonos una sensación de bienestar y relajación. Mejora nuestro descanso, mejora nuestro estado de ánimo, en definitiva. Y no solo por si misma. Ademas de la serotonina otros neurotransmisores se activan en nuestro cerebro: potencia a otros neurotransmisores como la dopamina y permiten aminorar o desaparecer a la angustia o la ansiedad.

Alimentos que nos hacen sentir mejor: una nutrición inteligente

La lista de alimentos que estimulan la segregación de serotonina y que, en definitiva, aportan triptófano a nuestro organismo es amplia y variada y se encuentran presente en buena parte de las dietas más habituales. A saber: carnes blancas como el pavo o el pollo, los lácteos (leche y queso principalmente), los pescados y huevos. También alimentos cada vez más consumidos como la soja, o el tofu, las semillas de chia o las nueces. Y no podemos olvidar el chocolate. Todos ellos nos ayudan a producir serotonina. La ausencia de ella genera trastornos emocionales y consecuentemente alimenticios.

La intensa relación entre la psicología y la nutrición

Este fenómenos se conoce como “Psicología de la Nutrición”, y en ella existe un vínculo entre nuestro estado emocional, los condicionantes sociales y educativos, la nutrición y nuestro estado de ánimo. Y es fundamental una educación plena en este sentido pues resultan fundamentales para salud de las personas.
Sin embargo, los factores sociales anteriormente expuestos conllevan una carga para las personas.

Nuestra sociedad nos educa para consumir en función de unos estímulos. Estímulos, normalmente, estéticos y con claros intereses económicos. Y al final esto implica la aparición de múltiples y variados trastornos alimenticios: la bulimia o la anorexia no se tienen registrados más allá de un siglo atrás. Y en esto tiene mucha culpa el culto a nuestra apariencia. En este sentido tender un puente entre psicología y nutrición resulta una ardua pero necesaria tarea. Especialmente si queremos gozar de una sociedad llena de individuos sanos.




Autor de Plantarte- Periodista y coach en habilidades comunicativas. Formación en Psicología de la Comunicación y PNL. Dime que necesitas y luego averiguamos cómo gritarlo al mundo,

Comments

  1. Muchas gracias José

    El post me ha abierto los ojos. Soy de los que cuando tengo ansiedad o estres me voy a la nevera a darme una gratificación. Lo bueno sería saber cómo evitarlo.

    Un abrazo!

    • Jose Vicente Esteve Lopez : agosto 9, 2017 at 11:16 am

      Gracias Diego! Todos tenemos nuestras pequeñas contradicciones.. Lo importante es ser consciente y seguir evolucionando hacia una coherencia y un equilibrio entre lo que pensamos y hacemos. Saludos!!

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