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El arte de contar historias que seducen y venden: ¿que es el storytelling?

Contar historias es un recurso comunicativo más viejo que mojar pan en aceite.

La capacidad humana para asimilar y empatizar con una historia que le resulte familiar o le produzca empatía desde las emociones es un recurso usado por la especie humana a lo largo de toda su historia.

Si te fijas, el concepto storytelling es bastante sencillito en cuanto a su etimología británica. Básicamente se reduce a contar una historia. Pero ojo, no te fíes del todo. Porque detrás de una nomenclatura tan sencilla hay un potencial de la leche para seducir, atrapar y motivar a las personas que escuchan/leen tu historia.

Una buena historia transmite un mensaje con una finalidad: enseñar, persuadir o incluso manipular a las personas que acceden a esa historia. Y dejan en nuestra mente un mensaje que, bien narrado, permanecerá en nuestras cabecitas mucho tiempo.

El poder del storytelling: una historia brillante es menos brillante si no está bien narrada.

Después de la presentación del concepto, puede que aún te preguntes que narices es storytelling. Solo te diré que, tanto para tu proyecto, negocio o trabajo puede ser un elemento fundamental de éxito. Pero también para tu vida personal.

Porque, si tienes algo que contar y quieres que sea perdurable, memorable e inolvidable para tu audiencia, debes usar el storytelling.

Y para ello tienes que practicar y encontrar tu propio estilo. Un estilo personal y cercano. Que seduzca y genere interés en la redacción de cada una de tus palabras. Y esa práctica te aportará el estilo, el ritmo y la capacidad de enamorar con un buen relato.

Así que tranquilidad… todas y todos podemos ser unos buenos (o excelentes) storytellers!!

A ello se suma otro factor que hace del arte de contar historias, una buena estrategia para lanzar nuestros mensajes. Nuestra audiencia, las personas que te leen, te escuchan o te siguen, están expuestas a demasiados estímulos: publicidad, servicios, contenidos en redes sociales, blogs, TV, radio, publicidad.

¿Y sabes una cosa?

Lo único que les va a llamar la atención y perdurar en su coco al final del día será una historia que les haya emocionado. Y, para eso estás tú.

Porque, ¿qué es la vida sin emoción?

Storytelling: Porque es tan importante saber contar historias

El storytelling es el arte de contar historias y saber cómo desarrollarlas y adaptarlas a un propósito o finalidad.

Por eso, el mundo de la publicidad y el marketing usan esta estrategia. Porque han comprobado el poder de una buena historias para lanzar un mensaje con propósito. Pero, sobretodo, porque los profesionales de la comunicación y la publicidad saben que el storytelling es la mejor manera de conectar con las personas.

La técnica de contar historias y seducir a las personas es efectiva pero no es sencilla. Requiere de precisión y delimitar una serie de parámetros que debes cumplir si quieres narrar una buena trama.

Para ello, debemos pensar en varios aspectos:

– A quién nos dirigimos

– Con qué propósito

– Qué tipo de historia queremos contar

– Qué elementos incluirá nuestra historia

– Qué recursos literarios van a potenciar esa historia

– Qué emociones vamos a transmitir

– Cuál es el mensaje final que queremos grabar en la mente de las personas.

Si aunamos todos esos criterios, los metemos en una coctelera, en la proporción adecuada y la agitamos un número determinado de veces, el resultado será una historia irresistible que perdurará de generación en generació.

Bueno, tal vez me he pasado un poquito, pero puede que tu historia llegue a perdurar más de 72 horas en la mente de tu interlocutor.

Secretillos del storytelling ¿Que diferencia una buena historia?

La respuesta es sencilla: tu visión, tu impronta y el toque personal que le des.

Pero más allá de este apunte, que queda muy bien, además de ser verdad, debes buscar otros elementos que hagan de tu historia un relato fascinante. De esos que perduran de generación en …. Mejor lo dejo.

Una buena historia puede ser aquella que…

Historias con las que te identificas

Son las historias más potentes porque nada perdura más en nuestra mente y nos emociona más que un relato con el que empatizamos, con el que sentimos cierta identificación. “Ese podía ser yo”, piensas después de escuchar o leer una buena historia.

Puede que la razón sea tan simple que se base en alguna experiencia cercana que no supiste gestionar y que esa historia implica una lección, un aprendizaje o un punto de vista que no supiste ver en tu vivencia.

Y es entonces cuando sucede el milagro.

Sin darte cuenta te sientes como el protagonista de esa historia. Te ves a lomos de esa empresa que empezó en un garaje o como esa persona aventurera que dejó todo para perseguir su sueño… Y no puedes dejar de pensar en esa historia. Te la llevas a tu casa, duermes con ella. Y seguramente tú también acabes contándola.

Esas son las historias que triunfan. Esas son las que nos dejan un poso del que no nos vamos, ni queremos, deshacernos.

El factor psicológico es muy importante en tu historia. Esa identificación tiene que aportar un inicio interesante, un nudo que nos sumerja y una resolución que nos apasione. Es como una ecuación perfecta que trabajamos esperando que el resultado sea el que nos genere una emoción más gratificante.

Ya sabes que un final amargo no gusta a nadie.

El poder de las historias emocionantes

Somos seres emocionantes, pero especialmente somos seres emocionables. Cuando nos emocionamos generamos sustancias químicas que nos provocan adicción. Y queremos sentirlas para inundar nuestro torrente sanguíneo de esa química tan adictiva.

Lo ideal es que esa adicción sea positiva. Porque ya sabes que también hay personas adictas a emociones vinculadas al sufrimiento y a la desesperanza. Por ejemplo esa a las que les encantan los dramas.

Pero seguro que también conoces personas adictas a emociones como el miedo, la ira o la incertidumbre.

Pues bien, la clave es saber que tipo de emociones quieres mover (y remover) entre tu audiencia para conseguir tu propósito. Esto es, el objetivo de tu historia.

Vamos a poner un ejemplo guay, ¿no?

Pongamos que queremos remover la emoción de la alegría. Que siempre es resultona.

Entonces, tu historia tiene que tener un elemento que ponga en peligro esa alegría. Que alteré la posible felicidad de un personaje o una comunidad. Y que, mediante una historia de superación y dificultades, esa emoción acaben imperando nuestros corazones.

Y ya lo tienes. No es A+B=C. Pero ya sabes hacia donde caminar.

Y, como me he puesto a hablar de fórmulas más simples que el mecanismo de un botijo, ahora quiero contarte cuales son los elementos indispensables que no pueden faltar en la fórmula mágica de una buena historia: la receta del buen storytelling.

Elementos de storytelling: los ingredientes de una buena historia

Ya te he dicho que cada historia es un mundo porque depende de cada persona, de cada narrador. Y de cada vivencia. De tu capacidad para conectar con tu lector u oyente. Y, aunque no existe la receta perfecta, si existen algunos ingredientes sin los cuales la historia te va a quedar sosa… Toma nota:

El mensaje de la historia

(con 100 gramos vamos bien)

Como su propio nombre indica, el storytelling te pide dos cosas: una historia y un “telling”, que viene a ser como lo cuentas: tu tono, la emoción y tu estilo personal, en definitiva.

Y la conjunción de ambos es el equilibrio perfecto. Imagina a la persona más “seta”, “sosa” o aséptica que conozcas contando la historia de William Wallace. Pues vamos, seguramente querrás que le corten la cabeza. A William, me refiero, no al narrador.

Sin embargo, una historia de mierda, contada por uno de esos cracks de las charlas TEDX+1  puede ser digna del Nobel de historias.

Así que, en el equilibrio está la virtud de un buen storytelling.

Y lo que buscamos es que tanto el contenido de esa historia, como su continente sea memorable.

Que perdure, que emocione y que genere identificación.

Y luego ya que cumpla otros cometidos, como vender, enamorar o lo que diantres quieras hacer con ella. Pero básicamente se recomienda que impacte en lo más profundo de las personas que la escuchan.

El contexto de tu historia

(un poco picante, un poco amargo, medio dulce y cuarto de salado)

Básicamente necesita un lugar y un momento, pero sobretodo, uno o varios personajes. Porque no nos vamos a identificar con una isla paradisíaca o un caserón abandonado. Queremos personas reales, de carne y hueso.

El contexto espacio-temporal nos permite ubicarnos. Pero muchas veces es metafórico. Podemos identificarnos con un personaje de la Edad Media o que esté en la Conchinchina siempre y cuando ese personaje nos rememore algo que nos identifica.

Y ahí viene el quid de la cuestión. Ese personaje tiene que superar una serie de etapas para que la historia evoque: desde las más complejas hasta las más felices o exitosas.

Tiene que sufrir una transformación (positiva) para que su historia sea evocadora, inspiradora y se quede ahí, grabada en tu cabeza.

Pero resulta que para ello tiene que haber un problemilla.

Porque, reconócelo, todas y todos tenemos algún problema. Y nos gusta resolverlos.

Y sentirnos mejor por haberlo resuelto. Nos hace sentir orgullosos atravesar dificultades y sobreponernos.

Porque eso demuestra afán de superación y es una sensación placentera.

Y nos gusta mucho el placer.

Y el ego también. ¿A que si?

El storytelling que resuelve problemas motiva y, por eso, triunfa.

(Un chorrito contando hasta 10)

Como he dicho, los problemas son inherentes a cualquier vida humana. Hasta para los trabajadores de Google. Siempre aparece un conflicto zumbando en nuestras orejas.

Pero, ese problema es también una oportunidad para ser mejores, para superarnos y demostrarnos a nosotras mismos (pero sobretodo a los demás) que si se puede.

Y, en ese proceso de resolución pasamos por distintas fases con las que nos identificamos cuando nos surgió un problema en la vida real:

1- Calma inicial (ni fu ni fa, me aburro)

2- Cierta felicidad (para que relativicemos el problema que va a aparecer)

3- Aparición del nubarrón. La tormenta se cierne sobre ti. (preocupación o incertidumbre)

4- Un huracán destroza tu casa y se pierde tu perrita (desolación, tristeza y ganas de arrancarse las uñas)

5- Pasa la tormenta y aparece el sol (desconsuelo y dudas sobre un futuro ilusionante)

6- Oyes ladridos. Un hilo de fuerza y esperanza recorre tu médula espinal y piensas que, tal vez, tu puedas hacer algo para volver a tu felicidad anterior.

7- Aparece tu perrita VIVA flotando sobre un neumático. Y ella merece una casa digna y calentita. (Aparece el reto de superación y recobras la motivación perdida).

8- Manos a la obra: empieza el reto y la “lucha” para restablecer el orden en tu vida. Ilusión, fuerza y entrega

9- Giro inesperado dramático. Reaparecen los problemas: no hay luz ni agua en tu city. (Decaimiento para meter más drama a la historia).

10- Nuevo impulso: te harás una casa biosostenible con luz solar y agua de pozo subterráneo (muestra coraje, determinación y hasta valores ecológicos)

Resultado de esta montaña rusa de emociones: Yo quiero ser como el prota.

Y cuanto peor lo haya pasado y mejor se recupere, mejor que mejor.

Es una historia de superación con problemitas, problemazo y final feliz que recordarás cada vez que llueva, escuches una perrita ladrar o te hablen de que el planeta se va a la mierda.

Y las vas a recordar para cuando te surjan problemas, para inspirarte.

O para contarla a tus amigos cuando se vean en dificultades.

Pero, y si además la historia te propone adoptar perritos. ¿Puede ser que te lo plantees?

Ves entonces la finalidad de este cuento. La doble finalidad, quiero decir.

Pues colorín colorado.

Este cuento se ha acabado.

Porque contar una buena historia: el propósito del storytelling

Al final nuestra intención es emocionar. Porque bajo el influjo de las emociones es más fácil cautivar a las personas y encaminarlas a una reflexión o decisión final.

No tienes que ser el mejor narrador del mundo. Pero si debes seguir unas indicaciones. Tanto técnicas y formales, como emocionales.

Por ejemplo, debes saber que el storytelling requiere de un planteamiento, un nudo y un desenlace (de primero de BUP). Y que debemos mantener la tensión narrativa para hacer que el espectador quiera saber más.

Y, en ese camino, generar una identificación emotiva con el personaje central de nuestra historia.

Porque en nuestro propósito, como emprendedor, trabajador, copy, publicista o community manager tenemos unos objetivos que no te voy a enumerar, porque ya los sabes. Y una buena historia puede ser el acicate que haga “click” en el cerebro, y en el corazón, de tu audiencia.

Y matizo lo del corazón: la mayoría de las compras, por ejemplo, se hacen de forma instintiva, irracional e impulsivas. Y tu historia tiene mucho que contar en ese objetivo.

Por eso, haciendo un breve repaso, un buen storytelling, una historia que emociona, debe cumplir los siguientes requisitos…

– Que emocione, como hemos dicho

– Que sea motivadora para tomar acción en tu audiencia

– Que genere un conflicto que debe ser resuelto

– Que tenga un propósito o intencionalidad

– Que defina a qué audiencia puede alcanzar para ese objetivo

– Que conecte con esa audiencia

– Que sea fácilmente recordable o reproducible

– Que deje un anclaje mental de tu objetivo, marca o servicio

– Que genere confianza y honestidad

Y, cumpliendo estas premisas, estaremos más cerca de hacer magia con las palabras y dejar un mensaje que, casi de forma inconsciente y subliminal habrá hecho un chasquido en la mente del lector y oyente.

Solo tienes que pensar que chasquido necesitas hacer en el cerebro de la persona a la que te diriges.

Te deseo buenas historias en tu vida. Así estarás más cerca de cumplir tus metas y tener un final feliz.

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