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Descubre las sorprendentes razones por las que tu voz determina tu éxito

La importancia de la voz para la comunicación es algo básico. El tono de vez resulta fundamental para expresarnos y, aunque parece que la voz es un elemento de comunicación verbal, no es más que el medio o canal para hablar. La voz es un elemento de la comunicación no verbal en tanto en que el tono y cómo proyectamos la voz va más allá de nuestras palabras, de nuestras frases y el mensaje en si.

Tal cómo usamos nuestra voz puede ser más importante que las propias palabras que salen de nuestra boca. Un buen ejemplo es que, en menos de un minuto, podemos determinar el estado de ánimo de quien habla, independientemente de sus palabras. Un tono de voz apagado determina tristeza. Un tono de voz entusiasmada refleja, obviamente alegría. Y el tono alterado puede determinar enfado.

El tono de voz es comunicación no verbal

Hay muchos estudios que demuestran la importancia del tono de voz en la comunicación.

Sin duda, uno de los más famosos es el que llevó a cabo el Doctor Albert Mehrabian en 1967. Este psicólogo fue pionero en los estudios del lenguaje no verbal. Mehrabian concretó los tres tipos de canales de comunicación que tenemos los seres humanos. Ya sabes: la palabra, la voz (tono y ritmo) y el lenguaje no verbal de carácter corporal (nuestros gestos, posición o expresión facial).

Para determinar los distintos tipos de uso que hacíamos de cada uno de estos canales Mehrabian llevó a cabo un par de experimentos.

En uno de ellos, el psicólogo determinó que el uso de las palabras con valores positivos no era coherente con una actitud comunicativa basada en un tono de voz negativo. De hecho, al final, este mensaje era percibido como negativo.

Si alguien te dice “buenos días” (algo que se espera como un deseo positivo), pero lo hace con un tono de voz negativo, el mensaje es contradictorio, resulta incoherente y se percibe como triste o desagradable.

En otro de los experimentos, también se incluyó el lenguaje no verbal asociado a gestos y expresiones faciales. Incluso se asignó a la expresión de nuestra cara mayor importancia que la que tenía el propio tono de voz en el mensaje final.

Todo ello desemboca en esos porcentajes tan famosos que igual conoces: 55%, 38% y 7%. Paradojicamente, tan solo el 7% de nuestra comunicación provienen de las palabras. El 55% de nuestro mensaje se basa en el lenguaje corporal (manos, cara, ojos, postura). Y finalmente, el 38% de lo que expresamos procede de nuestro tono de voz, entonación, ritmo o pausas).

Debemos matizar que Mehrabian explicaba que este estudio hace referencia, principalmente a conversaciones de carácter emocional, más que en el ámbito académico o profesional. Yo en esto discrepo y creo que es aplicable a cualquier ámbito comunicativo. Lo siento doctor Mehrabian.

Todo esto tiene aplicaciones prácticas. En nuestro día a día somos capaces, especialmente si conocemos a la persona que nos habla, de determinar cuál es su estado de ánimo o intención solo por su lenguaje no verbal, por encima de lo que nos dicen solo sus palabras. ¿Te pasa a ti también, no?

La voz en la comunicación: el tono, ritmo y volumen

Hay diferentes aspectos de la voz que debemos tener en cuenta respecto a la voz.

Por ejemplo, el tono de voz no es lo mismo que la entonación. Nuestro tono depende de nuestras cuerdas vocales. Y ya sabes que distinguimos entre tonos graves y agudos.

También podemos variar voluntariamente el volumen o intensidad de nuestra voz, que, como cualquier sonido, medimos en decibelios.

Al mismo tiempo, podemos analizar la voz desde el ritmo o cadencia con la que hablamos. Finalmente, el timbre se refiere a los armónicos concretos de cada voz y permite distinguir unas voces de otras.

Ahora que ya conoces los distintos aspectos de la voz, vamos a ver cómo usarla en nuestra comunicación para expresarnos de forma efectiva.

¿Cómo usar la voz para dejar claro nuestro mensaje?

Ahora que ya sabes que el tono determina el mensaje, es conveniente recordar que los tonos graves (bajos) se emplean como signo de autoridad o para dar instrucciones. Tienen un componente de credibilidad y autoridad.

Por su parte, los agudos o tonos altos indican duda, o inseguridad y son los más habituales para preguntar.

Ahora que sabes esto, es interesante para que practiques los tonos que necesitas. Por ejemplo para mostrar autoridad, confianza o credibilidad.

Si quieres resultar convincente en la exposición de tu mensaje, tu voz debe ser persuasiva y usar un tono de voz grave, despacio, para transmitir esa sensación de confianza y seguridad que genera autoridad. Incluso podemos recurrir a un tono de voz bajo, que genera una sensación de profundidad que impone mayor respeto, credibilidad e, incluso, empatía pues muestra preocupación hacia los sentimientos de la otra persona.

Un consejo: Bajar el tono de voz no es bajar el volumen. Un tono más bajo es un tono de voz más profundo.

¿Cómo mejorar nuestro tono de voz?

En principio, determinamos que el tono de voz en nuestra comunicación está determinado por algo físico. Por cómo son nuestras cuerdas vocales. Y, claro, no podemos acortarlas, alargarlas o hacerlas cambiar de tamaño. Pero si podemos entrenarlas para conseguir el tono que deseamos.

La respiración

En este sentido es muy importante nuestra respiración. En las escuelas de arte dramático o canto, la respiración es un aspecto muy importante. Así que debería serlo también para nuestra voz y el uso que le damos en nuestra comunicación habitual. Si has leído el artículo de Plantarte sobre la respiración ya sabrás que debemos respirar con el diafragma y no hacerlo desde el pecho, como es muy habitual.

“No basta con tener la voz más melodiosa para entonar un tango. No. Hay que sentirlo, además. Hay que vivir su espíritu.” Carlos Gardel

Si somos capaces de respirar desde el diafragma, mantenemos una postura recta y una respiración profunda, será mucho más fácil adecuar nuestro tono de voz a nuestra necesidad expresiva.

En líneas generales determinaremos que, según la respiración tenemos distintos tipos de voz

– Voz superficial: ausencia de criterio y realidad.

– Voz tranquila: indica que quine habla es alguien equilibrado.

– Voz rápida y entrecortada: muestra síntomas de angustia o ansiedad.

– Voz profunda y constante: determina dinamismo y energía

– Voz profunda y fuerte: esconde enfado e ira reprimida.

El estado de ánimo

En la relación entre vez y comunicación también influye el estado de ánimo. Aunque parezca mentira. Y no solo por cuestiones emocionales. De manera fisiológica, cuando reímos la alteración que se produce en nuestra cavidad bucal permiten que la salida del sonido desde nuestra boca sea más fluida y nuestra voz suene más suave y armoniosa. Así que ya sabes, a reír se ha dicho.

El tono de la voz también indica la clase de relación que se quiere entablar con quien se habla. Por ejemplo, si se emplea un tono cortante o frío implica que se quiere marcar distancias. Por el contrario, si es un tono cálido nos sugiere la posibilidad de acercamiento.

Trucos para una voz comunicativa de “éxito”

Existen determinadas pautas que, si somos capaces de seguir nos permitirán obtener un tono de voz más comunicativo de forma efectiva. Veamos algunos de ellos..

1. El tono de voz al acabar de hablar. Cuando terminamos una frase y subimos el tono de voz (un tono agudo) denota falta de seguridad o pregunta. Esto resta credibilidad o autoridad a tus palabras.

Un tono mínimamente alto. Esto es una de las cuestiones que más cuesta adaptar para tener una voz dirigida a una comunicación efectiva. Tenemos que hablar alto para que se nos oiga, pero no demasiado para resultar molesto. O que no parezca que estamos gritando.

Por el contrario, si hablamos demasiado bajo generamos distorsión y falta de comprensión en los demás.

Piensa que el volumen con el que hablamos puede incluso determinar la percepción personal que los demás tienen de nosotros. Si hablamos muy alto, podemos dar la sensación de maleducados, acaparadores ególatras o impacientes. Mientras que si hablamos muy bajo, puede parecer que seamos tímidos o inseguros.

2. Velocidad al hablar. Es muy importante no hablar demasiado deprisa. Para empezar, nos dificulta a la hora de respirar. Y ya hemos visto antes lo importante que es una buena respiración para nuestra voz. Además, es más fácil pensar lo que vamos a decir si hablamos más lento. Y también es más fácil para la persona que nos escucha comprender y asimilar lo que decimos. Si hablamos demasiado rápido podemos generar estrés en la persona que nos escucha.

Yo mismo he sido (y aún trabajo en ello) una persona que hablaba demasiado deprisa (y demasiado, en general, jajaja). Pero he conseguido atenuar ese ritmo y eso me facilita transmitir con más claridad y precisión. Si hablas despacio y usas una respiración adecuada tu comunicación será más efectiva. Además conseguirás captar más la atención de tu audiencia y generar mayor interés.

“Todo lo que sucede en la cabeza y en el corazón se manifiesta en nuestra voz, ya que es el espejo del alma.” Purificación Estarli Pérez

Tampoco es cuestión de hablar a paso de tortuga. Quiero decir que en un término medio está la habilidad comunicativa para usar la voz de forma efectiva. El punto exacto de velocidad puede otorgarnos la sensación de credibilidad y conocimiento sobre lo qué estamos diciendo. Si caemos en una lentitud demasiado evidente, esto también nos resta credibilidad.

Una capacidad de locución constante, pero con sus pausas y entonación adecuada, genera un mensaje persuasivo y de autoridad respecto a los mensajes excesivamente parsimoniosos.

En definitiva, por lo general, hablar un poco más rápido que la media no es contraproducente si vocalizamos y hacemos llegar nuestro mensaje. Nos da imagen de expertos y aporta credibilidad porque al hablar rápido transmitimos que sabemos de lo que hablamos.

Por lo general, determinamos que, según la velocidad con la que habla alguien esto indica…

– Si habla despacio muestra falta de interés y desconexión con la realidad.

– Si habla demasiado rápido puede significar nervios, deseo de ocultar información o tensión en el hablante.

– En equilibrio está la virtud, como en tantas cosas, 😆 .

3. Usar las pausas. Uno de los aspectos fundamentales para ser un buen comunicador y tener un mensaje más persuasivo es saber hacer las pausas adecuadas. De hecho, los expertos comunicadores aconsejan hacer entre 3 y 5 pausas por minuto. Como en el punto anterior (el del ritmo al hablar) tampoco conviene abusar de las pausas pues puede generar falta de credibilidad en quien te escucha.

Y no solo influye el número de pausas. Sino también donde las haces. Por ejemplo, es importante que, si queremos enfatizar un punto de nuestro discurso, antes de iniciarlo hagamos una pausa de unos segundos. Se genera expectación y atraemos la atención de la audiencia.

4. Hablar en público. Cuando tenemos que exponer un mensaje y hablar en público, lo aconsejable es iniciar nuestra exposición hablando despacio. De esta manera, permitimos a los oyentes que se acostumbren a nuestra voz, nuestro timbre y nuestro tono. Conforme captamos a la audiencia y su atención, ya podemos empezar a incrementar el ritmo y la velocidad.

También depende de lo que hablemos. Obviamente, si queremos generar urgencia, emoción o impaciencia, podemos hablar más rápido. Si por el contrario, queremos generar dramatismo o reflexión, deberemos hablar más despacio.

5. Finalmente, pero no por ello menos importante, el tono de voz debe ser coherente con el mensaje que quieres transmitir. Si estás dando un mensaje triste o negativo es absurdo tener un tono divertido o jovial. Y viceversa. La distorsión que produce en el oyente te resta credibilidad. O en el peor de los casos puede parecer que estés un poco “loco”, ¿no te parece?

Trucos rápidos sobre como usar nuestro tono de voz

Fíjate en estos pequeños consejos para mejorar tu mensaje gracias a tu voz

– En general, saber cuándo bajar tu tono de voz implica una imagen más carismática y creíble. Consideramos bajar el tono de voz (repetimos, no el volumen). Esto es expresarnos con una voz más grave. Esto implica que la persona que nos escucha percibe autoridad y credibilidad. Facilita que nuestro mensaje sea persuasivo.

– Bajar el tono no solo aporta carisma y prestigio. Esto está vinculado a nuestra habilidad persuasiva. Especialmente si empezamos nuestra argumentación con un tono bajo. De hecho, determinados estudios establecen que una voz profunda, además de carisma puede ser vinculado a status social. Aunque esta idea no me mola mucho, la verdad es que es cierto. Incluso facilita recordar el mensaje y a quien lo dice.

– Un tono excesivamente lineal o monótono puede llegar a aburrir.

– Las dudas, excesivas pausas o un ritmo demasiado lento nos resta credibilidad e interés.

– El uso de muletillas y frases hechas puede generar sinergia e implicación por parte de quien escucha. Pero abusar de ellas puede llegar a determinar falta de seguridad y hacerte parecer un cansino. Nos referimos a los típicos: “¿verdad?, “no”, “y tal”, entre otros.

– Y como todo, aunque un tono grave puede determinar autoridad, en exceso, puede generar desconfianza, mal rollo y ser hasta tétrico. Recordemos a Darth Vader, de Star Wars cuando dice a Luke aquello de “Yo soy tu padre!”

La voz y nuestra percepción emocional de la misma

Tras siglos y siglo de comunicarnos, nuestro cerebro es capaz de discernir entre las palabras y el tono empleado. De forma inconsciente, alteramos nuestro tono para indicar nuestro estado de ánimo. Y esto se percibe, incluso, antes que las palabras.

En definitiva, nuestro tono de voz tiene gran influencia en lo qué se dice y cómo se dice.

No en vano, la voz es un signo tan distintivo y personal se ha usado hasta como evidencia en algunos juicios.

Para acabar, tengo una sugerencia o ejercicio práctico. Si no eres de esos casos raros que no tienes teléfono móvil y wasap, puedes practicar mandándote archivos de audio y poner a prueba todos estos consejos que he escrito en este artículo.

Te garantizo que, si aprendes a trabajar sobre tu voz y practicar estas pautas, tendrá una incidencia directa sobre cómo te expresas y como te perciben y escuchan los demás. Puedes practicar y luego ponerlo en práctica en distintos ámbitos: en el trabajo, con tus hijos. Con tus amigos o en cualquier circunstancia social. En poco tiempo serás un mejor comunicador y lo notarás en diversas facetas de tu vida.

Ya me contarás.

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Jose Vicente Esteve Lopez :Autor de Plantarte- Periodista y coach en habilidades comunicativas. Formación en Psicología de la Comunicación y PNL. Dime que necesitas y luego averiguamos cómo gritarlo al mundo,

Ver comentarios (2)

  • Déjame que te cuente una anécdota sobre el tema:
    Siempre di bastante importancia a la manera de comunicarnos y a la hora de leer entre líneas por medio de la conducta a la hora de transmitir. Por eso, cuando me grabé en vídeo para una presentación y llegué a caer casi dormida escuchándome, fue cuando me dije: menos teoría y más práctica.... ;)
    En serio, yo estaba convencida de que mi tema era estupendo, pero también lo estaba de que si seguía sin mover ni un músculo de mi cara (pose pensada para dar seriedad al tema), y con un tono de voz que ni haciendo relajación me ha salido tan plano, al minuto dos me dejarían de escuchar sin previo aviso.

    Con todo este rollo que te he soltado, así de pronto, quiero felicitarte por este macro post que has escrito, y aplaudir la manera en la que lo has explicado.

    Un abrazo

    • Gracias Pilar!! Estoy muy de acuerdo contigo en que necesitamos mayor expresividad. Transmitir con naturalidad y que nuestras exposiciones sean más practicas. Al final tus mensajes calan en el subconsciente de nuestra audiencia en función de patrones como la curiosidad, el humor o la transcedencia para sus vidas. Estamos infoxicados y necesitamos practicidad... Ser mas pragmáticos... Hay mucha gente que no se da cuenta de esto pero veo que tu si lo hiciste y seguro que ahora tus exposiciones son más amenas...
      Gracias por tu aportación Pilar!
      Un abrazo!
      Jose

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